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Sábado, 27 de noviembre de 2004
Hay una vieja leyenda árabe que dice así:
Dos amigos caminaban por el desierto. Ambos estaban cansados, pues llevaban ya algunas lunas sin haber comido ni bebido alimento sólido o líquido alguno y recorriendo largas distancias bajo el castigador sol del desierto.
Uno de ellos, llevado sin duda por el impulso que confiere al alma la falta de sustento material, recriminó al otro su falta de responsabilidad al haber elegido una ruta que ninguno conocía. La discusión fue magnificándose, hasta el punto de decirle cosas hirientes, increparle e, incluso, llegar a golpearle en el rostro...
El que había sido golpeado no abrió la boca. Le miró con los ojos arrasados por las lágrimas y, sentándose sobre la arena ardiente, escribió en la misma:
HOY MI MEJOR AMIGO ME HA GOLPEADO
El agresor se sorprendió pero prefirió no decirle nada. Descansaron aquella jornada y cuando se dispusieron a emprender el camino a la mañana siguiente, le dijo en tono de disculpa a su compañero: «Siento mucho haberte increpado y golpeado. Sé que no tengo perdón pero me gustaría que aceptaras mis disculpas. En prueba de mi arrepentimiento y de lo que significa nuestra amistad, hoy seré yo quien lleve tu carga».
Iniciaron nuevamente el camino y cuando volvieron a detenerse a fín de descansar un rato, nuevamente le sorprendió la actitud de su compañero de agacharse y tallar con la punta de su puñal, esta vez sobre la piedra, la siguiente leyenda:
HOY MI MEJOR AMIGO ME HA DEMOSTRADO EL VALOR QUE LE DA A NUESTRA AMISTAD
Tan pronto como hubieron reanudado su marcha, el beduíno intentó disipar sus dudas: «¿Por qué ayer cuando te golpeé escribiste en la arena y hoy lo has hecho en la piedra?». El otro le miró y le dijo sonriendo: «Los errores de nuestros amigos se los lleva el viento de la noche y cuando amanece el nuevo día no somos capaces de recordarlos pero sus pruebas de lealtad quedan grabadas en nuestro corazón a fuego.
Por: doblew | Historias | Comentarios (0) | Referencias (0)